El blanco del ojo.

(Laura Spivak. Buenos Aires, agosto del 2010.
Para la muestra “El eco de sus risas”. Galería Braga Menéndez,
Buenos Aires.)

 

Libertad es sinónimo de franqueza, espontaneidad, familiaridad, sinceridad, confianza, sencillez. Relacionar el arte con este término no parece formar parte de la agenda de debate cuando se habla de arte contemporáneo. Porque hay temas más habituales y urgentes: mercado, galerías y ferias; bienales y museos; becas, residencias y concursos; colecciones y coleccionismo, etc. Sin embargo, quizás haya que volver a pensar en ella y su relación con el arte, y con la vida. Si el mundo se nos ofrece como imposibilidad, lucha, obstáculo, entonces la libertad es un valor que por asumido y obvio, no debiera ser subestimado.

Encarar un nuevo proyecto es también revisar lo previo. Volver a mirar puede transformarse en un maravilloso mundo por descubrir. Porque ayuda a entender lo que es difícil de explicar y a reconocer aquello que permanece. Viendo con cierta perspectiva mis trabajos anteriores, mostrar pitos, tetas y erecciones fue una maniobra de preservación. Fue delimitar un espacio propio hasta instaurarlo como un paradigma de lo políticamente incorrecto. Un espacio dentro del cual, por previo aviso, por transgresor, todo se volvió posible. Donde la búsqueda de la felicidad, del placer, no tuvo límites ni inhibiciones. Utópico, pero material. Por ende, real.

Con el correr del tiempo aquellos personajes que transitaban alegremente por jardines de mariposas empezaron a cambiar, pero manteniendo sus ideas, sus banderas. Buscaron nuevas estrategias, tan conectadas con el deseo como antes, pero con la experiencia del camino transitado. Ahora se deslizan en la espesura de la selva. Cautelosos, camuflados, están dispuestos a ser vistos, pero no se exponen ni muestran su desnudez. Tienen conciencia de que no es necesario gritar para ser escuchados, y de lo fácil que es perder lo ganado. Siguen disfrutando de sí mismos, pero esta vez procurando encontrar un espacio amigable, receptivo. Una nueva utopía que los justifica.

Para estos personajes la naturaleza es un refugio, contundente pero escondido, hecho de formas, matices y colores que interpelan a los sentidos. En ella la luz se revela, se escabulle y desorienta. Una maraña de sombras confunde realidad y fantasía. El límite siempre es difuso, leve. Porque la vida se presenta confusa, está hecha de la mezcla de luces y sombras en partes iguales, de movilidad y adaptación. Y de pequeñas decisiones que deben ser claras para estar a favor de la libertad.